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¿Son gilipollas algunos trabajadores?

febrero 17, 2010

Llego a esta entrada a través de El Blog Salmón de Weblogs SL. Que por cierto, no estaría nada mal que google posicionara mejor el artículo original, en su propio blog, que el de El Blog Salmón, que al fin y al cabo se aprovecha de lo que escriben otros…pero en fin…ese es otro tema. Llego como digo a este artículo, que como comprobarán, mantiene que la culpa de la situación de los trabajadores, la tienen los propios trabajadores, y que algunos de ellos rozan (o alcanzan de pleno) la gilipollez. Pero yo no voy a caer en la tentación de generalizar, y de dar un veredicto de inocencia o culpabilidad (o de gilipollez o no gilipollez, en este caso) a todo un colectivo compuesto de miles de millones de personas. En todo caso habrá trabajadores gilipollas, lo mismo que hay empresarios gilipollas o profesores gilipollas. Pero por la misma regla de tres, yo nunca diría que todos estos colectivos son gilipollas en bloque, todo lo más, podría llegar a decir que tal o cual porcentaje de este o aquel conjunto de personas es de tal o cual manera, o arriesgándome mucho, que la mayoría de dicho colectivo es x, y o z.

Sin embargo, el artículo es interesante en tanto en cuanto nos puede hacer reflexionar acerca de cómo funciona eso que hemos venido en llamar el “sistema capitalista”, y como ni unas ideologías ni las diametralmente opuestas, llegan a explicarlo por completo. Es decir: fracasan en modelizarlo, y por ello mismo se nos hace a veces impredecible y nos da disgustos como el que estamos viviendo en esta crisis.

Como podéis leer en la entrada original, se nos narra la historia de una trabajadora en una residencia regentada por monjas. Vamos a suponer que la historia es real, porque aunque no lo fuera, con gran probabilidad todos conocemos historias semejantes que lo son, con lo cual, el extremo de que esta en concreto lo sea o lo deje de ser, nos es irrelevante. En resumen, la trabajadora es explotada laboralmente por las monjitas, que lejos de aplicarse los valores cristianos, cuya máxima es “ama al prójimo como a ti mismo”, cometen ilegalidades, irregularidades, y someten a sutil amenaza de despido a la trabajadora en cuestión. Pero como decía en el primer párrafo, no caeré en el error progre de calificar de explotadoras a todas las monjas habidas y por haber en el mundo mundial por los siglos de los siglos.

Pero lo interesante, como decía, es pensar en esta historia en términos ideológicos, y ver como una historia desgraciadamente común en nuestros días, no termina de encajar con ninguna doctrina económica en concreto, creando incluso en ocasiones perspectivas y abordajes del problema absurdas e incluso cómicas.

Una ideología económico-liberal, mantendría a grandes rasgos que el salario que asignan las adorables monjitas a la trabajadora en cuestión ha sido libre y eficientemente asignado por el mercado. O al menos así debería ser en el caso de que ningún agente “externo” al mercado (que habría que preguntar a los liberales qué significa eso) impusiese alguna regulación o actuara fuera de las propias reglas del mismo, “distorsionando” el paraíso económico que supone un mercado en régimen de competencia perfecta (si es que eso se ha dado o puede llegar a darse alguna vez). Pero, volvamos a la realidad. ¿De verdad alguien cree que las monjitas escuchan al “mercado” para ponerle un precio al “factor trabajo” que contratan? ¿De verdad el mercado tiene algo que ver en los (pocos) euros que las hermanas ponen en la mano de la trabajadora a fin de mes? ¿La trabajadora está al corriente de los “precios de mercado” y se resigna a su suerte sabedora de que no puede mejorar su situación? ¿O no sería más lógico pensar que las monjas se aprovechan de su situación de poder (poco o mucho) para presionar a la asustadiza trabajadora (factores todos ellos alejados de magnitudes medibles a nivel económico)? Puede que al fin y al cabo, los “animal spirits” de los que hablaba Keynes, sigan estando ahí, le pese a quien le pese, actuando como variables reales, aunque no medibles, dentro del sistema. Pero esta perspectiva también da para otra pequeña reflexión: si las monjas ya de por sí, y dada la situación real, actúan de esta manera…¿alguien se imagina cómo actuarían en el caso de que no existiera normativa laboral alguna y la inspección de trabajo hiciera la vista gorda más de lo que ya lo hace?

Por otro lado, alguien influenciado por teorías socialistas y de “confrontación” de clases podría abordar el problema con el siguiente razonamiento: las temibles monjitas, como implacables “capitalistas”, someten a la trabajadora-proletaria a una intensa e injusta dominación cuya raíz es el yugo de la dualidad trabajo vs capital. ¿De verdad alguien es capaz de ver a las monjas con su hábito como “capitalistas”, siguiendo a triple pantalla las cotizaciones del NASDAQ, las ruedas de prensa de la conferencia episcopal y las declaraciones del líder de la patronal, mientras la sufrida trabajadora corre a contar su problema al enlace sindical más cercano?.

La historia resume el fracaso de la ideología para explicar los hechos económicos, que son mucho más que las relaciones que se producen cuando se intercambian bienes escasos. Tal vez va siendo hora de dejarse de ideologías y coger al toro de la realidad por los cuernos. Porque si no lo hacemos, lo mismo nos pilla.

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5 comentarios leave one →
  1. febrero 17, 2010 3:48 pm

    Esto… pues va a ser que sí.

    Aceptar que te exploten y esperar a que venga Papá Estado a resolverte la papeleta, mientras sigues tragando y mirando al tendido, como cuando éramos pequeños… pues sí, es de ser gilipollas.

  2. febrero 17, 2010 4:44 pm

    ¿Y por qué presupones que la gente espera a que venga papá estado a resolverle la papeleta?
    Si sustituyes la palabra “Estado” por “mercado” obtienes la misma falacia, ¿no?

  3. febrero 17, 2010 5:00 pm

    Esta vez hemos coincidido, amigo Cambio Social: justo ayer escribí en mi blog un artículo que pretende ser muy duro para con el sindicalismo vendido y los trabajadores que tragan.

    Al tema: el artículo que cita me resulta un poco “pasteloso”. Demasiados tópicos: monjitas crueles, madre soltera semianalfabeta, Valladolid profundo… Si me cuentan que las monjitas pretenden además abusar sexualmente de ella, me pongo hasta burro.
    Bien, discúlpenme la grosería: si lo narrado es cierto lo lamento por la chica. Lo que ocurre es que sé por experiencia que quien cuenta sus sufrimientos laborales tiende a dramatizar muchísimo. Aceptaré barco para debatir y creeré el artículo.

    Yo omitiré el “algunos”.
    ¿Somos gilipollas los trabajadores? Sí, en la actualidad somos/estamos gilipollas.
    Hemos llegado a esta gilipollez grupal por una conjunción de factores que trataré de resumir porque darían para mucho desarrollo. Me ceñiré a España porque no conozco otros mercados laborales. Yo no soy franquista, “ser” de algo muerto que ni he vivido me resulta un raro ejercicio. Pero con Franco no existía el despido libre, se instauró la seguridad social y con sólo un miembro de una familia trabajando se podía vivir. Comprarse un piso era accesible con ese mismo solo sueldo.
    Pero Franco era malo.
    Yo no soy comunista: aunque estuviera vivo no me gusta, me falla la base política del marxismo pese a buenas aportaciones. Pero quizás demasiados obreros basaron su lucha laboral en el marxismo. Y cuando el muro cayó y empezó a asomar la podedumbre de una sociedad “sin clases”estratificada en clases hasta el infinito, se descubrió que el marxismo no era la solución: era parte del problema. Parece, no obstante, que comían todos y todos tenían casa. (Bueno, algunos vivienda compartida en el gulag)
    Pero el comunismo era malo.

    Transición: el capitalismo consumista entra a saco en España con el saco lleno de cristalitos de colores. Libertad, libertad, sin ira, libertad…Ya saben.
    Gente fiable, me ha comentado que en el antaño sindicato vertical era muy difícil que un obrero perdiera un juicio, muy gorda tenía que haberla hecho.
    El sistema en España se da prisa, y lo consigue, a la vista está, en amansar a los sindicatos con algo más que cristalitos de colores; con papelitos de colores. La tardía “liberación de la mujer”en España, la incorpora al mercado laboral. Como tanta libertad tenía que traer progreso de pensamiento, se nos convence de que hay que abrir la puerta a todo el que venga (a trabajar por la mitad) so pena de ser “racista”. ¡Horror, anatema! Los mismos sindicatos que han de defender al obrero propagan esas tesis de la mujer a currar y al indio-hermano que trabaja por la mitad, brazos abiertos. El obrero vive en la ilusión de haber ascendido a clase media (la baja son los inmigrantes) y anestesiado por créditos que le endeudan sin fin, se compra audis, bemeuves y mercedes, al tiempo que se mete en pisos de 50 kilos de las pesetas. ¿Se puede ser más feliz?
    Sí: se puede ser más feliz, pero para ello, es inevitable reducir el despido cada año un poco, reducir las conquistas sociales cada año un poquito… Tanta libertad lo merece y nos van cociendo a fuego lento. Los sindicatos se van degradando a ojos vista, hasta gordos y todo se vuelven los barbudos dirigentes de tanto comer entrecot y beber buenos vinos. La tasa de afiliación cae hasta el ridículo y los sindicatos se convierten en agencias de viaje y escalera de medro en las grandes empresa y el funcionariado.

    Llegado el momento de despertar, no tenemos sindicatos, nadie fía en ellos. Tenemos una tasa de inmigración inasumible en un país en crisis, que devora gasto social. Una población envejecida que igualmente devora gasto sanitario-social. Trabajando los dos miembros de una pareja hay que hipotecarse a 50 años para comprarse una mierda de casa donde poder caerse muertos. Tanta libertad me hace llorar de emoción.

    Desactivados por podridos y anquilosados los mecanismos de asociacionismo obrero, con un gobierno vendido a la banca, con millones de personas dispuestas a trabajar por la mitad a bajo precio…

    Los obreros somos gilipollas: ¿cómo compramos los cristalitos de colores y no vimos venir esto?

    Y lo peor, que dejo en el aire: ¿estamos a tiempo de tomar conciencia y salir de esto? ¿O ya el sálvese quien pueda es el único camino?

  4. febrero 17, 2010 6:19 pm

    Sin duda podría suscribir muchas de las cosas que dices en tu artículo sobre “como practicar el sindicalismo sucio”, pero a efectos prácticos lo que tiene una vital importancia es la última pregunta de tu comentario.
    La clase trabajadora unida (pero unida de verdad) tendría una potencia social enorme, casi inimaginable para el ciudadano medio de hoy en día. Pero claro, tendrían que darse algunos supuestos que desgraciadamente, en España, no se dan: que tuviera consciencia de su situación y de su poder, que estuviera mínimamente formada, y que fuera lo suficientemente homogénea como para actuar al unísono. Desafortunadamente los sucesivos gobiernos y sus comparsas (sindicatos, patronales, poderes judiciales y medios de comunicación vendidos) se han ido encargando de que esto no sea así, para hacer muy difícil una supuesta toma de conciencia de los trabajadores en cuanto a su situación. La sociedad española está tan estratificada, fragmentada y drogada que hace que algo así suceda sea bastante improbable. El pan y circo que recibe hacen su función. O eso, o realmente España no lo está pasando tan mal, y la economía sumergida permite la supervivencia con cierta dignidad de muchos. Si no no se explica como no se pide la cabeza de líderes sindicales, gobiernos, oposición y de quien coño haga falta.
    En una sociedad con cierta fibra, se habría ya planteado un conflicto social de grandes dimensiones, necesario para avanzar hacia una solución. No digo que necesariamente esto debiera sacarse adelante por medio de revueltas o actos violentos (ni yo digo que sea la mejor manera), pero estos serían incluso comprensibles en la situación que estamos viviendo. Y sin embargo, nada de esto esta sucediendo, cosa que no deja de sorprenderme.
    Lo que está pasando en España en estos años es de investigación sociológica profunda.
    Ojalá alguien arroje algo de luz sobre el tema.

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