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Feminismo, islamismo, progresía y poligamia

febrero 9, 2010

Hoy se hacían eco los medios afines al socialismo en Andalucía de una noticia curiosa: un grupo de feministas marroquíes reivindicaban su derecho a casarse con más de un hombre, tal y como hacen los varones en su país.

La noticia abre no pocos interrogantes y contradicciones. El movimiento que intentan iniciar estas feministas va justo en la dirección contraria a la que se dirige poco a poco España: frente a las cada vez más exiguas familias españolas, con cada vez menos miembros, las feministas marroquíes abogan por algo que podría denominarse la “panfamilia”. Imaginemos el modelo de familia al que llevaría algo así: un hombre casado con varias mujeres, mujeres que a su vez están casadas con otros hombres, y con una ristra de hijos “compartidos” fruto de las innumerables combinaciones matemáticas posibles. Me pregunto de que manera podrían estos padres conciliar su vida familiar y profesional. O tal vez el gobierno marroquí instituiría unas ayudas a las familias numerosas, que en este caso podrían llegar a tener dimensiones considerables. Sería también curioso como se resolvería el concepto de “unidad familiar”, tan necesario a efectos fiscales y de ayudas sociales. Por otro lado…si una de las mujeres de un hombre se queda embarazada de otro de sus maridos…¿quien tendría derecho a la baja por maternidad y paternidad? Creo que la mejor solución sería dejar la cuestión en manos de Bibiana Aído, seguro que si le planteamos la cuestión en su blog (cosa que por cierto agradecerá, porque está muy necesitada de comentarios, la pobre) la superministra de igualdad da con la solución que satisfaga a “tod@s”.

Sin embargo lo que más me llamó la atención fue el evidente tinte de repulsa que TelePSOE daba a la poligamia masculina, y a la falta de contrapartida de ésta para las mujeres. Algo que me extraña, si nos paramos a pensar que el PSOE bendice las uniones homosexuales, y los “modelos de familia” que éstas generan. No sé que puede tener de malo que un hombre pueda tener varias mujeres legales, esto no sería más que otro “modelo de familia” más, tan decente y tan legítimo como cualquier otro. Como también lo sería un modelo matrimonial en el que un hombre pudiera tener varios maridos y maridas, o que una mujer pudiera tener varias esposas o esposos.

Lo que no concibo es como se ha podido permitir que el lenguaje de la opresión heteromonógama no haya creado géneros y géneras gramaticales para designar la homosexualidad, pues es bien sabido que esta existe desde los albores de los tiempos en todas las especies vegetales y animales. Hasta ahí llega la intolerable dominación heterosexual.

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18 comentarios leave one →
  1. febrero 10, 2010 3:48 pm

    ¡La leche! Vaya noticia… Pues sí, desde una perspectiva progre, debiera ser un nuevo modelo de familia más ¿no?

    Luego lo pensaré que esto me ha ¨impactao¨

    Saludos.

  2. febrero 10, 2010 3:49 pm

    Sí, es que es impactante de necesidad…jejeje.

    Yo también me lo pienso.

  3. José Perera López permalink
    febrero 10, 2010 4:48 pm

    Personalmente siempre he opinado que todas las formas de sexualidad son legítimas mientras no se vaya contra la libertad de otra persona. Por eso estoy a favor de admitir la poligamia, tanto en su vertiente de la poliginia (un varón con 2 ó más mujeres), de la poliandria (una mujer con 2 ó más maridos), y también, por qué no, entre dos o más personas homosexuales, y partiendo, claro está de suponer que se trata de uniones libremente aceptadas por cada una de las partes. No me sorprende el rechazo que en las filas del PSOE y los grupos feministas genera las alusiones a la poligamia, aunque a priori podría suponerse que, dado el talante pretendidamente liberal demostrado por nuestra izquierda hacia el matrimonio homosexual, sería previsible un comportamiento similar respecto a otras formas de sexualidad heterodoxa. Lo primero que habría que dejar claro es que la poligamia ya existe en España. En realidad ha existido desde siempre, como también ha sucedido con la homosexualidad. Porque antes de la legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo era evidente que de hecho había parejas de orientación homosexual que convivían. Que un hombre tenga, además de su pareja legal, otros vínculos afectivos con una o más mujeres (u hombres) es también una realidad habitual. La única diferencia es que a nivel terminológico esas otras relaciones quedan englobadas dentro de lo que se llama “amantes” o “queridas”. Pero en el plano afectivo, y olvidándonos del carácter fuertemente peyorativo que tiene la expresión “amante”, son sólo los actores de esas relaciones los únicos que están capacitados para discernir entre lo que es una relación amorosa (afín a lo que se le supone a una pareja de dos miembros) de otra en la que una de las partes considerase al otro como un no-pareja. Porque partimos del supuesto de que la no existencia de vínculos legales no implica que no exista relaciones de afecto entre aquellas personas. Lo mismo cabe decir de las mujeres que tienen más de una pareja, ya sea otro u otros hombres, como también otras mujeres. Entonces, si esa situación ya existe, o si hay personas que voluntariamente se acogerían a ese tipo de vínculo, ¿por qué no reconocerla legalmente? Habrá quien argumente que acogiéndose a una poligamia legal, algunas familias procedentes de países pobres aprovecharían la ocasión para casar a la fuerza a sus hijas con un marido elegido por aquellas. Pero lo mismo podría decirse de las parejas monogámicas, y no por eso las vamos a prohibir. Supongo que la explicación para esta contradicción entre tolerancia (frente al matrimonio homosexual) e intolerancia (frente a la poligamia) es compleja. Izquierda y feministas siempre han sido corrientes de pensamiento bastante alejadas de posturas libertarias en materia de sexualidad. No hace falta mencionar la represión que el régimen de Fidel Castro llevó a cabo en Cuba contra los homosexuales, pues en España son bien conocidas las opiniones que tenían hace años Tierno Galván o Felipe González, y que no eran precisamente de simpatías hacia el mundo gay… En cuanto al feminismo, y aunque hay corrientes como el movimiento “queer” que tiene una visión muy liberal de la sexualidad, buena parte del resto permanece anclado en la visión puritana de todo lo que tiene que ver con el erotismo. No es extraño, por eso, encontrarnos con textos surgidos en la escuela de la ideología de género, donde se arremete contra la pornografía, incluso entre profesionales de la sexualidad, como es el caso de Shere Hite. No nos engañemos, la izquierda nunca ha sido tolerante ante la diversidad sexual. Su aparente permisividad actual en este tema tiene que ver con su estrategia consistente en atraer para sí a toda una serie de movimientos sociales que cuestionaban el sistema. La izquierda se hizo sindicalista hasta tal punto que ya se identifica el ser sindicalista con ser de izquierdas. La izquierda se ha hecho ecologista para captar el voto de los defensores del medio ambiente. La izquierda se ha hecho feminista hasta tal extremo que ya no cabe concebir que una cosa no conlleve la otra. La izquierda se ha convertido a la causa de la lucha por las libertades sexuales porque sabía que así podía aspirar a captar el voto de minorías importantes, como era el caso de los homosexuales. La usurpación de estos movimientos es tal que la izquierda se arroga para sí el ser representante de los mismos, dando por supuesto que todos los homosexuales están en su onda, cosa que naturalmente es falsa. Y lo que es más importante, la izquierda trata de abanderar como obra suya, lo que ya de hecho era un cambio social acaecido en los países más desarrollados. Porque la revolución sexual de la segunda mitad del siglo XX ya se encargó de legitimar a nivel de mentalidad popular buena parte de los supuestos que ahora la izquierda, de forma oportunista, trata de apropiarse, como si aquel cambio sociológico hubiese sido consecuencia de una labor desarrollada por los partidos políticos. Es totalmente previsible que en los países desarrollados tenga lugar en los próximos años una progresiva normalización legal de las parejas homosexuales, y al margen de que estén en el poder partidos de derechas o de izquierdas, simplemente porque la sociedad lo demanda. Porque a efectos administrativos conviene convertir en de derecho lo que ya es una realidad de hecho. En ese contexto, el apuntarse a la tolerancia buscando el voto de los homosexuales es algo que la izquierda puede hacer con mayor libertad que la derecha clásica, dado el lastre que para esta última representa su vinculación con las distintas iglesias cristianas, y en donde pesa mucho la homofobia de estas últimas. Sólo si se diese una aceptación amplia entre la sociedad de las conductas poligámicas, sería presumible que los partidos políticos buscasen entonces votos en esta nueva cantera. La revolución sexual del siglo XX liquidó en buena parte el tabú acerca de las prácticas eróticas no propiamente reproductivas, pero no ha conseguido vencer el tabú de la infidelidad. Hoy se admite en Occidente que una persona haya tenido muchas parejas sexuales a lo largo de su vida, pero sigue sin aceptarse que mantenga vínculos eróticos con dos o más personas al mismo tiempo, lo que supone que el poner los cuernos sea causa inmediata para que tenga lugar la ruptura de una pareja. Mientras eso siga así, María Teresa Fernández de la Vega y sus muchachas se seguirán sintiendo “horrorizadas” ante los casos de poligamia, tal como le pasó a aquella cuando se enteró que se había hecho una foto junto a las tres esposas de un notable nigeriano. En este caso, al igual que con el tema de la prostitución, la ideología de género parece tratar de llenar el vacío que en materia de orden moral tiende a dejar vacante las iglesias convencionales, lo que lleva a que ya no sean los curas los que digan qué es lícito y qué no lo es en materia de sexualidad, sino que sean las sacerdotisas laicas del feminismo las encargadas de velar por su nueva moralidad.

  4. febrero 10, 2010 6:41 pm

    A mí esto me desborda. Según el supremacismo vaginal, esto debiera ser un derecho: todo lo que le pete a una mujer debe ser un derecho. ¿Pero cómo lo van a asumir nuestras brillantes feminazis sin aceptar la poligamia moruna?

    Creo que me limitaré a leerles a ver si se me aclaran las ideas, es que es eso, me desborda.

  5. febrero 10, 2010 7:17 pm

    Pues a mi también me desborda un poco, la verdad.
    Pero creo que el asunto se resume en pocas palabras: los moros con más de una mujer, serán moros, pero listos, y las feminazis que no quieren que sus maridos tengan más de una mujer, serán feminazis, pero no tontas.

    Vamos, que entre pill@s anda el juego…jejeje.

  6. febrero 10, 2010 7:22 pm

    Sí, en principio suena ilógico. Pero quizá no tanto. Las feministas viven del victimismo: de hacer víctimas a las mujeres de los abusos de los hombres. Uno de los ejemplos que a ellas les parece más sangrantes machismo misógino es, precisamente, la poliginia. Mientras haya poliginia, ellas encontrarán una razón más para enarbolar la bandera del victimismo. ¿Qué ocurriría si, al fin, se reconociese el derecho a la poliandria? Ah, entonces la cosa quedaría en equilibrio, de tal forma que ya no habría lugar para quejarse de la patriarcal poliginia. Lo cual viene a demostrar que las feministas no quieren la igualdad entre hombres y mujeres, sino que ciertas asimetrías se perpetúen para que ellas puedan seguir explotándolas y dando la barrila.

    Imaginemos por un momento que alguien encontrara la forma de que ningún hombre pudiera maltratar o violar a ninguna mujer. Digamos un medicamento mágico que impidiera pegar o agredir a la mujer. ¿Exigirían las feministas la administración general de ese medicamento? ¡NO! Eso supondría tener que cerrar el negocio del maltrato. Es como si a un dentista le anuncian la comercialización de un producto que prevenga todas las caries y enfermedades bucales. ¿Lo vería con buenos ojos? Si es un sinvergüenza, no. Y si algo les sobra a nuestras queridas feminazis es sinvergonzonería. ¿No creen?

  7. febrero 10, 2010 7:41 pm

    Donde yo dije ¨poligamia moruna¨, debí decir ¨poliginia moruna¨.

    Sí, Raus, de acuerdo, si matan a la gallina se quedan sin ricos huevos en forma de subvenciones y ventajismo.

  8. febrero 10, 2010 8:11 pm

    Por supuesto, puede haber más razones. Alguna de ellas bio-psicológica. Una mujer con varios hombres estaría siempre teniendo que rechazar las proposiciones sexuales de cada marido. Las feministas quizá intuyan algo así como una especie de explotación encubierta del cuerpo de la mujer casada con varios. Si hay algo que repugna a las feministas radicales es el acto sexual de hombre y mujer. Muchas lo consideran una soterrada forma de violación. En tal caso, ¿cómo podrían encajar de buen grado la idea de varios hombres “violando” a una mujer? Sencillamente, les repugna.

    Saludos.

  9. febrero 11, 2010 3:34 am

    Perdón, la anterior no es una explicación bio-psicológica. Se me fue el santo al cielo. Es una explicación basada en la fobia que muchas feministas radicales sienten hacia las relaciones heterosexuales. Para ellas son relaciones de poder masculino y sumisión femenina. Muchas de ellas aspiran a la independencia de cualquier tipo. Imagino que su ideal sexual es el lesbianismo.

    Saludos.

  10. febrero 11, 2010 7:31 am

    Lo que comentas es curiosísimo, y con más alcance del que parece.
    Por eso que decíamos antes: una ideología va calando en la sociedad y en el pensar de las personas, y casi sin darnos cuenta esa visión que da, va empapándolo todo, hasta los ámbitos más insospechados.
    Hace ya muchos años que en España los hombres estábamos percibiendo algo bastante peculiar: las mujeres (evidentemente generalizando) tenían una concepción de las relaciones sexuales algo retorcida, por decirlo de alguna manera. Incluso las que no eran especialmente agraciadas, consideraban la relación sexual como un “premio” al varón, y solía ser un premio precisamente a eso: a la sumisión. La fantasía de la feminista es precisamente revertir la situación: se cree dominada por el hombre, y para ella darle la vuelta a esto, es algo que busca consciente o inconscientemente. El mismo lenguaje popular ha dado salida a eso: “está para hacerle un favor”. Expresión que denota una concepción absurda de las relaciones sexuales: bien entendidas deberían ser algo con lo que disfrutan ambos miembros de la pareja. Pero no, en España las mujeres (no todas, afortunadamente, pero me atrevería a decir que la mayoría) se creen en una situación superior de partida, en todo este juego: están por encima por que sí, “porque ellas lo valen” (como muy bien supo recoger el spot publicitario).
    Y uno se da cuenta de esta especie de perversión del pensamiento precisamente cuando sale fuera de España: lo que uno consideraba “normal” allí, te das cuenta de que es simplemente una particularidad de la mentalidad española. En el país en el que estoy ahora, pese a tener una gran tradición católica, estos temas se ven desde una perspectiva que a mi entender es mucho más sana y normal: nadie está a priori por encima de nadie, me refiero a que ningún sexo está por encima del otro por el simple hecho de pertenecer a un “género” o al contrario. Las personas serán más o menos atractivas, porque eso es inevitable, pero un hombre no tiene que rendir pleitesía a ninguna mujer por el mero hecho de serlo. Se la rendirá si lo merece, si no no. Y las relaciones se ven como algo que por naturaleza debe ser equilibrado: tanto hombre como mujer han de disfrutar de ello, y nadie “hace un favor” a nadie, es un disfrute mutuo. Lo contrario es transigir por pena o compasión, lo cual desde luego no lo veo como algo muy positivo, y deja en mal lugar tanto al hombre como a la mujer.
    Pero mientras la sociedad española en su mayoría lleve puestas las gafas de la “ideología de género”, me parece que todavía nos quedan por ver muchas barbaridades como las descritas por aquí.

    Saludos.

  11. febrero 11, 2010 12:25 pm

    En efecto, ahí le has dado. Bien observado. “Está para hacerle un favor”, es una expresión típica de las mujeres (españolas). Con ello se da a entender que es ella quien tiene la “llave” de la relación sexual, pues se supone, con razón, que él siempre será el ansioso demandante de sexo. A las feministas radicales no les hace ni pizca de gracia eso de estar haciendo “favores” a los siempre dispuestos hombres. Entonces, sin remedio, acaban percibiéndose como “objetos sexuales” de ellos; como “cosas” que están ahí para darles gusto. Por eso digo que pocas cosas tan “repugnantes” para las feministas radicales que la poliginia, en la cual una mujer tendría que estar repartiendo “favores” a modo casi de meretriz entre los diversos maridos. Además, éstos, como es lógico, recibirían, proporcionalmente, menos “favores” de la mujer que en una relación monogámica o poligínica, y ello aumentaría su ansiedad sexual. Imaginemos, pues, a un grupo de “salidos” demandando sexo a la mujer. Ésta, antes o después, tendría que ceder a la presión de alguno de ellos (entre ellos podría haber fácilmente celos y peleas), y ahí estaría ella, “usada” como mero “desaguadero” de las ansias masculinas: una visión ciertamente repugnante para una feminista que, seguramente, aspirará al lesbianismo generalizado y al sexo heterosexual con fines puramente reproductivos. El “fallo” está en que el deseo sexual hacia los hombres no se puede modificar a base de doctrina o ideología, sino que viene dado biológicamente de serie. La que no sea lesbiana de nacimiento, no lo será por ideología. Eso no se puede forzar. No es casual, por tanto, que la mayoría de las más acérrimas feministas sean lesbianas. Éstas pueden imaginarse mejor la vida sin la “babosa” presencia del hombre, sin tener que yacer con él y, de paso, darle placer.

    En defenitiva, lo que no quieren las Bibis, las Bebes y las Bobas es dar ningún placer extra al hombre.

    No obstante, aunque es muy cierto esto que apuntas de la particular visión de España en estos momentos, no creas que es un fenómeno nacional. Los mayores disparates feministas podrías encontrarlos en EE.UU., cuna del feminismo de género, o una de las cunas. Recuerdo ahora el episodio de los Simpson en que se monta una histeria colectiva tremenda porque Homer es pillado públicamente diciendo algo obsceno sobre el trasero de una chica. Luego, en realidad, el bueno de Homer resulta que se refería a una gominola. El acoso a que es sometido es tremendo. Y quien crea que eso es sólo ficción de dibujos animados, se equivoca. En Estados Unidos cualquier mujer te puede acusar a gritos de machista por el mero hecho de cederle el paso al entrar en una cafetería. O de denunciarte a la policía si la miras más de unos cuantos segundos. Por otra parte, los países nórdicos, adalides en políticas progres y sociales, no van a la zaga en leyes andrófobas. Pero en fin, no quiero enrollarme.

    Saludos.

  12. febrero 11, 2010 1:01 pm

    Perdón de nuevo. Donde pone “Por eso digo que pocas cosas tan “repugnantes” para las feministas radicales que la poliginia”, debe poner: Por eso digo que pocas cosas tan “repugnantes” para las feministas radicales como la poliandria”. Sin esta rectificación no se podrá entender correctamente el comentario.

    Saludos.

  13. febrero 12, 2010 12:06 pm

    Va a ser que en España, el “pendulismo” es parte de nuestra idiosincrasia. Siempre de un extremo al otro, nunca en el justo término medio.
    Yo no he vivido en otros países, más que la breve estancia vacacional de turno. Pero ahora que lo dicen, extranjeras (europeas) sí he conocido y ciertamente no llevan ese “mercantilismo” sexual de la española. Generalizando, por supuesto.
    Aquí hemos pasado de la esposa y madre abnegada, a ser el país más jurídicamente feminazi del mundo (corríjanme si me equivoco). De Guatemierda a Guatecagallón y tiro porque me toca.

    Saludos.

  14. febrero 12, 2010 2:48 pm

    Correcto, Desclasado: si no viviésemos en algún extremo ideológico no seríamos españoles de pro. Sin duda: somos de los estados más feminazis del orbe. No obstante, no puedo asegurar lo que no sé. Los países nórdicos suelen ser pioneros en estas cosas. Así, por ejemplo, sus leyes feministas son también extremadas. Las mayores tasas de uxoricidios “machistas” se dan en los ejemplares Finlandia y Suecia “pese” a tener sistemas educativos igualitaristas. Aquí tenemos un incremento alarmante (censurado por los gobiernos) de suicidios de hombres en procesos de separación. También está censuradas las cifras de hombres asesinados por sus parejas. Es decir, las leyes igualitaristas de este jaez no hacen otra cosa que exacerbar la violencia y la desesperación.

    Sabemos, por otro lado, que las mayores tasas de separaciones y divorcios también correlacionan con un incremento de celos, tanto masculinos como femeninos. Y éstos no pocas veces acaban en violencia hacia el otro o hacia uno mismo. Nuestras próceres feministas dan al uxoricidio y suicidio masculinos una interpretación sesgada. El hombre asesina y se suicida para “demostrar” que él es, y nadie más, el dueño de “su” mujer. Ciertamente, un hombre que mata a su mujer y luego se suicida no soporta la idea de que otro hombre pueda llegar a poseerla (aunque, evidentemente, la puede matar por otras razones no pasionales, pero entonces no suele concurrir suicidio). Ahora bien, la patraña feminista consiste en decir que esa reacción es una reacción aprendida, inculcada por una ideología machista. No, señor. Los celos son perfectamente naturales, como lo demuestra el hecho de que los niños pequeños son celosos PESE a que sus padres hacen lo posible para que no lo sea, pese a que nadie les ha enseñado a serlo. El temor a perder el amor del ser querido puede y suele ser desquiciante. De hecho, el divorcio es la segunda causa más importante de depresión (por tanto, también de actos desesperados, consumo de drogas y alcohol, etc.)

    Y lo que también ocultan estas feministas degeneradas es un hecho que, por supuesto, no les interesa nada airear: que las mujeres también pueden ser extremadamente celosas. Este hecho desmonta por sí solo toda el rollazo feminista acerca de la mujer como propiedad del hombre. Me explico. ¿Por qué son celosos los hombres según las feministas radicales? Porque los celos son una manera de tener dominadas y sujetas a la mujeres. El hombre aprende a tratarlas como una mercancía o posesión más. Es, entonces, una manifestación del trato desigual y deshumanizado que el hombre da a la mujer. Ya sabemos: “la maté porque era mía”. Esta es la versión feminista. La ideología patriarcal enseña a los hombres a tratar a las mujeres como meros objetos de posesión, haciendo caso omiso de su condición de seres humanos dotados de legítimos deseos, razón y voluntad.

    Ya. Ahora una pregunta inocente: ¿Y las mujeres, son celosas las mujeres? Pues mire usted por dónde: SÍ. Y ahora quisiera que el lector prestara toda su atención. ¿Quién ha enseñado a las mujeres a ser celosas? Se supone que la ideología machista enseña a los hombres a ser celosos para mantener a las mujeres a raya. ¿Es también la ideología machista la que enseña a las mujeres a ser celosas? ¡NO! Reparemos en el hecho de que a los hombres (a muchos) les interesaría sobremanera que las mujeres no fueran en absoluto celosas, porque, de esa manera, ellos podrían tener tantas aventuras extramatrimoniales como les diera la gana. Las tendrían sin temor a que la mujer los descubriera, sin temor a que la mujer hiciese las maletas o les montase escenas de celos. Pero no, vaya por Dios, resulta que ellas pueden ser muy celosas, tanto como ellos. Y esto significa que tanto los celos masculinos como los femeninos son reacciones emocionales NATURALES en el ser humano. Los celos masculinos no forman parte de ningún contubernio machista para someter a las mujeres. Si la ideología patriarcal fuera quien asigna los diferentes papeles de “genero” (hombre independiente, protector, celoso, agresivo, competitivo, etc.; mujer dependiente, sumisa, cuidadora, pacífica, colaboradora, complaciente, etc.) habría enseñado a la mujer a no ser nada celosa con los escarceos de sus cónyuges, y, así, todos tan contentos: ellas indiferentes ante el carmín de otra estampado en los morros del marido; ellos de maravilla, tan felices por ahí, retozando con la primera que se dejara abordar, confiados en que no por ello harían peligrar la relación con su señora.

    ¿Cómo es posible que ningún estudioso de lo humano tenga coraje para salir ante las cámaras de televisión y exponer esta sencilla observación? El hecho de que también ellas sean presa de celos pone en entredicho todo el mastodonte teórico de las feministas radicales. Sorprende tanta ceguera. O tanta cobardía.

    Saludos.

  15. febrero 12, 2010 4:36 pm

    Para salir de dudas, he intentado buscar si España es jurídicamente el país más feminazi del mundo. DE momento no he conseguido cerrarlo esto. Es que lo de invertir la carga de la prueba, lo de perder la presunción de inocencia y ser en principio culpable por tener pene, me resulta tan aberrante que quiero pensar que los nórdicos, pese a un histerismo social, no han llegado tan lejos.

    Yo, el otro día lo discutía con la talibana de mi novia, he empezado a pensar que muchos de estos tíos que matan a la mujer y se suicidan, ya no lo hacen por ¨o eres mía o de nadie¨. Creo que es más perverso: te vas a quedar sin casa, sin ver a los hijos, sin un porcentaje enorme del sueldo, ensuciado socialmente con una denuncia por agresor y quizás chupes talego también: yo me voy a la mierda, guapa, pero la señora me acompaña.
    Creo que está empezando a pasar esto, no veo normal que tantos se suiciden.

  16. José Perera López permalink
    febrero 12, 2010 5:07 pm

    He visto más arriba alguna alusión al lesbianismo. Creo que debemos respetar la orientación sexual de las feministas, de igual manera que al resto de personas le gustaría que se respetase la suya. No caigamos en la misma dinámica que esa izquierda simplona cuando ataca a la Iglesia Católica acusando a los curas de ser pederastas. Es posible que la proporción de lesbianas sea mayor entre la militancia feminista, de igual manera que también es posible que exista una importante presencia de conductas homosexuales entre el clero, pero en cualquier caso, eso no explica la ideología de esos colectivos. La orientación sexual y gustos eróticos de una persona no determinan su ideología. Fijémonos en el mundo anglosajón, USA y especialmente el Reino Unido, lugares donde según las estadísticas las conductas sexualmente transgresoras alcanzan mayores proporciones respecto a otros países desarrollados. Sin embargo, no por ello dejan de ser los EE.UU. y la sociedad británica mundos políticamente muy conservadores. Es falso suponer que las personas heterosexuales son de derechas, y que las homosexuales son “revolucionarias”, aunque en principio fuese presumible que el sufrir discriminación por su condición sexual impulsase a una persona a cuestionarse críticamente la sociedad. Por eso las ideas políticas hay que combatirlas en el terreno ideológico, nunca en base a lo que haga en la cama el rival, ni tampoco por lo que éste tenga en la entrepierna. Al margen del lesbianismo militante de algunos grupos muy marginales del feminismo, la ideología de género no tiene orientación sexual. Esto no es una lucha entre heterosexuales y homosexuales, ni siquiera entre hombres y mujeres, aunque desgraciadamente caigamos con facilidad en la guerra de sexos. Recordemos que las leyes que rigen los trámites de divorcio, así como la famosa ley contra la violencia de género, no están hechas por las feministas, sino que han sido aprobadas por parlamentos compuestos mayoritariamente por hombres, a instancias de gobiernos y partidos políticos controlados por varones heterosexuales. Las feministas no dejan de ser en estos casos otra cosa que grupos de presión más o menos poderosos, o simplemente unas comparsas que animan el ambiente callejero. Pero en última instancia son los partidos políticos, y los poderosos intereses económicos a los que representan, los que realmente están detrás de la ideología de género.

  17. febrero 12, 2010 5:37 pm

    Cuesta desvincular, Perera, cuando hay parte del discurso contra el ¨heteropatriarcado¨.
    Estoy de acuerdo con usted en no mezclar, pero cuando ves atacar la (mí) heterosexualidad por un puñado de vacas sin depilar, cuesta contenerse.

  18. febrero 12, 2010 7:13 pm

    Amigo Desclasado, estoy de acuerdo. Las leyes que dejan a muchos hombres en la ruina y sin hijos son terribles. Pueden estar detrás de ese aumento de suicidios masculinos, desde luego. La ruina puede ser desesperante y abocar al suicidio. Ahora bien, esas leyes no han eliminado los “antiguos” asesinatos pasionales, simplemente se suman a éstos. Pero veamos, yo creo que hay personas –hombres o mujeres- que se suicidan tras matar al ex a causa de una gran desesperación amorosa (o dependencia del otro). Fíjese, amigo, en que los asesinatos por venganza no suelen ir seguidos de suicidio. El que se venga por puro odio al otro no halla motivos para dejar de vivir. Observe los ríos de sangre que han corrido por venganzas entre diferentes clanes mafiosos y capos de la droga. Si sólo hay odio hacia el otro, no hay motivo para matarse tras su desaparición. Al revés. La cosa cambia cuando media un cóctel explosivo de amor-odio, bastante frecuente en muchas relaciones de pareja.

    Señor Perera, por alusiones. En ningún momento he atacado el lesbianismo. El lesbianismo no es una “opción” sexual, ni una “orientación sexual”, es una condición sexual. Algo dado por la propia naturaleza, de manera que sería tan injusto y absurdo atacar a alguien por esa inofensiva condición como atacar a alguien por el color de su piel. Es más, si fuera una opción o decisión, me daría perfectamente igual. Jamás he condenado el lesbianismo ni ningún otro gusto natural, porque nada hay de malo en que cada cual haga lo que le venga en gana en la cama. No comprendo, por tanto, sus palabras.
    Lo que yo he intentado explicar es la reacción adversa que las feministas de aquí han mostrado hacia la poliandria (y la poliginia). Y en este particular no veo dónde pueda estar mi error. Que no digo que no lo haya, sino que no lo veo. ¿No es cierto que no pocas feministas radicales han llegado a calificar de “violación” la cópula heterosexual consentida? Y, aunque no se llegue a tanto, me parece incuestionable que las feministas radicales deben de tener cierta aprensión contra las formaciones polígamas, ya hablemos de poliandria o de poliginia. ¿Y no es cierto que cualquier feminista, incluso las no radicales, protestan, a la menor oportunidad que se les presenta, de que las mujeres son tratadas como objetos del placer masculino? En tal caso, ¿no podría ser que la idea de una mujer satisfaciendo los inagotables apetitos de varios hombres (poliandria) les resultase, cuando menos, desagradable?

    Hombre, vamos a ver, que no soy yo quien se ha montado una ideología disparatada acerca de las relaciones entre hombres y mujeres: que son las feministas de género quienes afirma cosas descabelladas sobre estas cuestiones, ellas, no yo. Y ellas, como bien apunta Desclasado, quienes se manifiestan contra el “blanco heterosexual”. No soy yo quien deplora según qué condición sexual. Son ellas.

    Por supuesto, el movimiento feminista de género está compuesto por mujeres de toda condición sexual (hetero/homo/bi sexual). Y es bien cierto que cualquier mujer de la calle puede tener fuertes convicciones feministas al margen de su condición sexual. Pero lo que yo digo y mantengo es que en la mentalidad de las más acérrimas está el ideal de un mundo femenino lo más independiente posible del mundo masculino, y esto incluye, entre otras muchas cosas, considerar el sexo con el hombre con fines principalmente reproductivos.

    Esto, lógicamente, es un disparate inalcanzable, ni siquiera deseable para la mayoría de las mujeres, incluso las feministas, pero es, desde luego, algo que propusieron las feministas norteamericanas, no yo.

    No en vano, lo que sí podemos observar es una fuerte tendencia a revertir el papel de los sexos en cuestiones de cortejo y sexo. El feminismo abomina del papel pasivo que, según ellas, la ideología machista ha atribuido a las mujeres. En consecuencia, para evitar la perpetuación de ese papel de “objeto” pasivo, lo que hoy estimulan las feministas es que las chicas se muestren activas, que den el primer paso, lleven la iniciativa, que no teman perder la virginidad ni tener sexo en cuanto les apetezca. Quieren ser iguales que los hombres. En todo ello se traduce la repugnancia feminista a que se les sigan considerando meros objetos pasivos sin voluntad e iniciativa.

    Comprendo que usted, Perera, no desee caer en una guerra de sexos. Yo tampoco. Pero a mí me parece que su idea de que todo este movimiento feminista de tan tremendo calado es obra de varones heterosexuales y que las feministas son meras comparsas que animan el cotarro, no puede gustar a ninguna mujer, pues, de nuevo, las sitúa como seres pasivos sin voluntad ni inteligencia para saber lo que quieren. Como meros títeres de los hombres. Yo, por el contrario, no iré tan lejos. Yo criticaré el feminismo de género (ojo, no el de igualdad) como una aberración ideológica ideada principalmente por mujeres (y respaldada por políticos/as oportunistas), como, por otro lado, criticaré el igualitarismo, el comunismo, el relativismo o cualquier otra ideología que me parezca errada, sin importarme que, de hecho, sean construcciones principalmente masculinas. Como aprobaré el feminismo de igualdad, justo y necesario, y creado principalmente por mujeres de coraje y talento.
    Usted, amigo, es, desde luego, libre de creer y decir que, en última instancia, son los partidos políticos y los poderosos intereses económicos los que realmente están detrás de la ideología de género. Y yo, por mi parte, también tengo derecho a argumentar que los poderosos no son los autores de las ideas y las reivindicaciones ultrafeministas. No, no lo son. Ellos se limitan a aprovecharse de la situación, a encarar su barco hacia la dirección en que más fuerte sople el viento. Ellos no inventaron ni inventan esa ideología, como tampoco inventaron la corajuda ideología feminista de igualdad. Otra cosa es que la financien y la exploten, pero la matriz generadora de reivindicaciones del victimismo feminista está en la cabeza de muchas mujeres, fanáticas o simplemente cínicas.

    Y, por supuesto, tampoco son los poderosos de este mundo quienes estuvieron detrás de las justísimas reivindicaciones de Olimpe de Gouges ni de las que le sucedieron. El feminismo de género se ha ido de madre como se ha ido de madre el mundo del arte (véase Vargas Llosa), la filosofía (casi extinta en los planes de estudio), la curiosidad científica (cada vez más anémica. Véase “La razón estrangulada”, de Carlos Elías), la propiedad lingüística (véase “El dardo en la palabra” de Lázaro Carreter) y un montón de cosas más. Todas ellas arrastradas al abismo por un vendaval igualitarista que nadie ha sabido o querido parar. Y a tanto llega su enjundia “deconstructora” e iconoclasta que –sirva como un ejemplo más- hay muchas personas que consideran al perro como “uno más de la familia”. Y así es: se le da de comer manjares, se le viste como a una persona, se le deja hacer lo que le venga en gana y se le habla como si te fuera a entender. Incluso hay sitios en que se han construido “hoteles” de muchas estrellas para perros. Yo no dudo de que algunos empresarios hayan hecho su particular agosto con los “derechos animales”, pero me parece a mí que no son ellos los creadores de esas corrientes de pensamiento que propugnan sentar a la mesa la mascota y llorar su muerte como se llora la del padre o el abuelo. Son los ciudadanos que, válgame Dios, al menos son (o somos) capaces de idear disparates (y también cosas buenas). Todo tipo de disparates. Al menos eso, caramba.

    Saludos.

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