Lo de estos chicos es un ejemplo, desde multitud de puntos de vista. Un grupo que ha crecido hasta lo que es hoy en día sin el apoyo de ninguna discográfica importante, a base de creer en ellos mismos, de composiciones de una calidad inédita en nuestro país desde hace muchos años. Tras varios años sin recibir la atención que sin duda merecían, deciden emprender por ellos mismos una andadura llena de obstáculos, creando su propio sello discográfico. Finalmente, toda esta calidad, todo este esfuerzo, se ha visto recompensado con el favor de un público incondicional que llena las salas y corea sus canciones. Poca importancia tiene que la industria “oficial”, les haya recompensado con varios premios a toro pasado, para intentar disimular la vergüenza de dejar pasar delante de sus narices a un grupo con una cantidad de talento tal que podría haber arrasado en ventas. O tal vez digo mal. No estoy seguro de que en un país en el que el “Marca” es el diario más vendido, y Belén Esteban manda en las audiencias televisivas sea el más adecuado para apreciar una propuesta musical de este calibre. Pero soñar es gratis, y sería bonito, ¿verdad?
Letras inteligentes, que retratan a un mundo y a una sociedad con sus miserias y sus grandezas, pero con un sitio para la esperanza, lejos del pesimismo vomitivo grunge, melodías redondas, instrumentación impecable, arreglos exquisitos. Un grupo que se viene arriba en los directos. ¿Se puede pedir más? Por eso no merecen solo un vídeo aquí, merecen dos.
He dado con un vídeo de propaganda socialista, cortesía del blog de la insigne feminazi Elena Valenciano. Este tendencioso vídeo, que pretende colar por encuesta callejera una representación de actores aficionados con guión made in PSOE, simula la pregunta de “¿esta usted en contra o a favor del aborto?” para luego, plantear la de “¿conoce usted a alguna mujer que haya abortado?” para rematar con la de “¿cree usted que esa mujer debe ir a la cárcel?”. Sin duda, el montaje y la puesta en escena no podían ser más demagógicos. Aunque como tengo imaginación, puedo imaginar algo analógicamente peor. Se para a algún viandante por la calle, ofreciéndole digamos 10 euros por su aparición estelar, y se le dice que su actuación consistirá en gritar “en contra” a la cámara, por supuesto sin desvelarle el resto del guión. A los mismos inocentes ciudadanos, se les pide en una segunda toma que tuerzan el gesto ante la cámara. En una tercera y última se les pide que griten “sí” mirando a la cámara. Luego en montaje, la locutora lanza en off la pregunta: “¿está usted en contra del asesinato y el robo?”. Aquí vendría la parte de los ciudadanos respondiendo a la pregunta de la primera toma. Luego, voz en off preguntando: “¿conoce usted a algún asesino o ladrón?”. Aquí en montaje insertamos la tercera toma, la de los peatones gritando “sí”. Luego otra vez voz en off, preguntando “¿cree usted que esas personas deberían ir a la cárcel?”. Por último, en montaje, se inserta a los ciudadanos de la segunda toma. Porque…¿que más da que el que asesina lo haga en defensa propia, o que el ladrón lo haga para alimentar a sus hijos hambrientos? Si eso no está en el guión, ni se lo preguntará nadie delante de la caja tonta. Qué fácil es manipular, cuando Belén Esteban es la voz del pueblo.
Cabría preguntarse si dependiendo de los periodos históricos la corrupción aumenta o disminuye. La pregunta es difícil de responder, y no me veo en disposición de contestarla por mi mismo. A cambio, me gustaría hacer algunas reflexiones, a modo de enumeración de por qué creo o sospecho que la corrupción, en el caso particularísimo de España, ha ido haciéndose un sitio en la sociedad mayor del que a casi todos nos gustaría. No quiero caer en el reduccionismo de si la izquierda es más corrupta que la derecha, o si el PSOE lo es más que el PP. Aunque podría, desde luego, con datos en la mano. Pero más bien creo que la corrupción se relaciona con el ambiente en el que se desenvuelve una sociedad, con la ideología que respira. Pero vayamos sin más a los puntos sobre los que me gustaría llamar la atención, respecto a este fenómeno tristemente de actualidad:
- Si como consecuencia del relativismo económico-financiero, se está en la idea de que el dinero se crea de la nada, el corrupto tiene la sensación de que no hace nada malo: solo toma cierta cantidad de dinero virtual, para localizarlo en una cuenta digital de Suiza. No parece haber perjudicados. Pero los hay, y son los de siempre.
- Si lo que se cobra, el salario, es decir, la supuesta retribución que el capital asigna al trabajo/trabajador, es algo relativo, que no atiende a ningún criterio mínimamente objetivo (Tom Cruise gana 100.000.000.000 millones de dólares, por decir algo, y un minero de Asturias 100, por volver a decir algo) el corrupto puede caer en la tentación de “autoasignarse” un salario X, porque él lo vale, “trapicheando” en el mercado de la corrupción, como cualquier chapuzas que cobra en B, y a la vez el subsidio del paro. Podría alguien razonar que los salarios los asigna “el mercado” (como si éste fuera un ente abstracto e inmaterial, al margen de la voluntad de las personas) pero la realidad es que los salarios los asignan los empresarios, y a menudo, los salarios que se asignan a ellos mismos, son más altos que los que asignan a los trabajadores de ellos dependientes. Si unos tienen el poder de asignarse el salario que ellos quieren, y otros solo pueden aceptar el que se les asigna, bajo la amenaza de ser despedidos…¿dónde queda el concepto de justicia y equidad?.
- Si no hay una clara división entre lo legal, lo ilegal, lo moral, y lo inmoral…¿hay que esperar que los individuos lleguen a esta conclusión por sí mismos y sin la ayuda de nada o de nadie? ¿No implica esto el correr el riesgo de que unos apliquen la moral que más les convine, y otros tengan que aceptar la que se les impone, porque “todo es relativo”? El daño que hace la ideología relativista a la economía es incalculable.
- Los políticos, en la España de hoy en día manejan el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial, y hacen todo lo posible por manipular a los medios de comunicación, el cuarto poder. En este contexto un político de cierto nivel, ya lo tiene muy fácil para enriquecerse de manera legal (que no moral). La barrera que distingue lo legal de lo ilegal es demasiado fina. Este mismo poder, hace que a los políticos les sea relativamente fácil perpetuarse en la cultura del chanchullo.
- La “economía de mercado”, como podemos comprobar, tiene una tendencia asombrosa para crear crisis y burbujas de manera periódica, como desgraciadamente podemos comprobar cada pocas décadas. Conscientes de esto, y de que su mandato dura solo un puñado de años, es relativamente lógico que se haya instaurado en la clase política en particular, y en la sociedad en general la “cultura del pelotazo”. Haz tanto dinero como puedas, y corre tan lejos como te sea posible. La próxima crisis puede estar cerca, y debes tener los bolsillos lo más llenos posible. Si se volviera a escribir la fábula de la hormiga y la cigarra, yo ya no tengo tan claro quien sería la buena y la mala hoy en día.

Raro es el día en el que los medios de comunicación no refieren a alguna noticia relacionada con la corrupción política. Durante los últimos años, en plena burbuja inmobiliaria, mucho me temo que los Hay-untamientos han sido testigos del continuo ir y venir de maletines, que pasaban de mano de los constructores y promotores a los concejales de urbanismo, los más cotizados dado el potencial de generar dinero que se ponía en sus manos. Los políticos, conscientes de que muchos negocios necesitaban de su aprobación o apoyo, se dejaban querer por multitud de empresarios, que con pocos escrúpulos y cierta cantidad de maldito parné, depositaban discretamente fajos de billetes en el interior incluso, de las carteras de los ministros y cargos del Estado de ellos dependientes. Tal vez no sea casualidad que en esta época de crisis, los untamientos sean más intensos si cabe. Puede que porque cuando el dinero no es tan fácil de conseguir como de costumbre, se recurre a métodos menos ortodoxos, pero igualmente lucrativos. O también puede que cuando la economía no marcha bien, los políticos ven peligrar sus puestos y afloran las tensiones, y con ellas, se incrementan las investigaciones para pillar con las manos en la masa al adversario. Sin embargo, como por ser sinvergüenzas no dejan de ser listos, y puesto que la Constitución deja en la práctica en manos de los políticos los tres poderes fundamentales y alguno más, los parlamentarios corren prestos a votar leyes que castigan con penas ridículas los delitos de corrupción. Y si no, se unta previo pago de su importe al juez instructor de la causa, que para eso cobra un sueldo mísero en comparación con los emolumentos (legales e ilegales) que reciben los diputados por pulsar el botoncito de sus escaños. Así se cierra el círculo, el ciclo de la corrupción, que no consiste más que en coger todo el dinero que se pueda y salir corriendo lo más rápido posible, pasando en el peor de los casos una pequeña temporada en prisión con todos los gastos pagados por los de siempre, los contribuyentes. Y luego a vivir de lo robado, que espera en la cuenta depositada en el paraíso fiscal de moda.
No me extraña que todos los españoles aspiren a ser funcionarios. ¿Para qué intentar descifrar las oscuras reglas del mercado durante años en la facultad, y luego creando una empresa? ¿Para qué estudiar sesudas reflexiones económicas de autores de todos los tiempos que luego no son capaces ni de predecir el batacazo mundial en el que nos encontramos? Si todo es cuestión de tener un cargo, y muy pocos escrúpulos. Vamos, como decía Juan José Millás… si la Economía es cosa de dos tardes.
Hace tiempo que quería escribir sobre Saramago. Siempre que se me cruza en algún programa radiofónico o televisivo, lo escucho atentamente. Un premio Nobel debe tener algo interesante que decir. Pero no, cada vez que lo escucho me quedo con la misma sensación: este hombre no dice más que lo repetido mil veces por otros, cayendo siempre en el tópico fácil y la cursilería poética. Tal vez es que, como decía Ortega, cuando alguien habla en un idioma que no es el materno, uno parece más tonto de lo que es. Como Saramago siempre que habla para un medio español habla un balbuceante castellano, durante un tiempo pensé que esa era la explicación. Pero tampoco. Hasta que hace unos días, después de ver una entrevista que Saramago concedió a Televisión Española, en el programa del servil Juan Ramón Lucas caí en la cuenta de lo que estaba pasando.
No, no me he podido aguantar. Después de que